Cuando la depresión enmascara el alcoholismo. El alcohol como causa de la depresión

Muchas veces nos preguntamos:  ¿debido a la depresión ha empezado a consumir abusivamente alcohol? ¿o acaso es el abuso de alcohol lo que le ha llevado a la depresión? Es la gran duda, como en toda patología dual: ¿primero el huevo o la gallina? Y es que la comorbilidad depresión-alcoholismo es extensa.

Los pacientes con depresión abusan frecuentemente del alcohol y otras sustancias. No hay duda de ello, según afirman los expertos (entre ellos, el presidente de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD)). Obviamente, eso no significa que todas las personas con depresión lo hagan. Y, por otro lado,

No hay que olvidar que el síndrome depresivo constituye un trastorno del estado de ánimo que afecta al estado emocional con el que se percibe el mundo.

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El síndrome depresivo constituye un trastorno del estado de ánimo que afecta al estado emocional con el que se percibe el mundo. Si nos fijamos en las cifras, podemos observar que la concurrencia entre trastornos depresivo, y trastorno por uso de sustancias en estudios de población consumidora se encuentra entre el 12 por ciento y el 88 por ciento en aquellos que acuden a tratamiento ambulatorio, y en el 27 por ciento en los que no acuden.

 

1- El alcohol como causa de la depresión

Entre las numerosas causas de depresión encontramos motivos tan comunes como la sensación de soledad, la melancolía, el desamor, la muerte de un ser querido, una enfermedad o alguna situación traumática. Sin embargo, también podemos situar entre las causas de depresión algunos hábitos que incluimos en nuestra vida sin pararnos a pensar en sus consecuencias, como puede ser el alcohol.

Es importante ser conscientes del riesgo de consumir alcohol de forma habitual y excesiva porque puede acabar destruyendo la vida de quien lo consume y de toda su familia.

 

2- El alcohol como consecuencia de la depresión

Hay casos en los que el abuso de alcohol no es una causa, sino una consecuencia de la depresión. Hay personas a las que les cuesta reconocer que tienen una enfermedad, que necesitan ponerse en tratamiento y que además deben buscar ayuda profesional porque no su puede superar una depresión por uno mismo.

Esas personas que creen que simplemente están tristes, que son incapaces de pedir ayuda, que están en un momento en el que la vida les va mal (pero ya pasará…), tienen una fuerte predisposición a acercarse al alcohol. Y lo único que se consigue así es, sin duda, aumentar la gravedad de la depresión.

 

El alcohol es una droga

 

A pesar de lo difícil que resulta asumir en nuestra sociedad que el alcohol es una droga (por lo integrado que está en nuestra cultura) lo cierto es que se trata de la droga más consumida en nuestro país y la que más problemas de toda índole produce.

El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central, que pertenece al grupo de sedantes junto con los barbitúricos y las benzodiacepinas.

Está clasificado como depresivo, lo que significa que disminuye las funciones vitales, lo que resulta en lenguaje mal articulado, inestabilidad de movimiento, percepciones alteradas e incapacidad para reaccionar con rapidez.

En cuanto a la forma en que afecta a la mente, el alcohol se comprende mejor si se ve como una droga que reduce la capacidad de la persona para pensar de forma racional y distorsiona su capacidad de juicio.

Aunque se clasifica como depresivo, la cantidad de alcohol que se consume determina el tipo de efecto que tiene. Mucha gente bebe por el efecto estimulante, como en el caso de una cerveza o un vaso de vino que se toman “para animarse”. Pero si una persona consume más de lo que el cuerpo puede tolerar, entonces experimentará el efecto depresivo del alcohol. Empezará a sentirse “torpe” o perderá coordinación y control.

Una sobredosis de alcohol provoca efectos depresivos mucho más severos (incapacidad para sentir dolor, intoxicación que obliga al organismo a vomitar el veneno, y finalmente inconsciencia o, peor aún, coma o muerte provocada por una grave sobredosis tóxica). Estas reacciones dependen de la cantidad de alcohol que se consuma y de la rapidez con que se consuma.



¿Por qué el alcohol es una droga?

 

Dicho de una manera “sencilla y clara”, el alcohol es una droga porque crea en el consumidor el deseo de continuar bebiendo, ya que siente placer y reduce tensiones o situaciones de malestar. Esto se conoce como “dependencia”.

Se crea también una tolerancia en el individuo, hecho indicador y significativo de cualquier droga: esto quiere decir que se necesita cada vez más cantidad de alcohol para sentir el mismo efecto que las veces anteriores.

El alcohol también está catalogado como droga porque cuando se abandona su consumo de forma brusca aparece el síndrome de abstinencia. Esto se manifiesta por temblores, sudoración, taquicardia y ansiedad.



Efectos depresivos del alcohol

 

El alcohol tiene efectos depresivos (y por eso es muy peligroso mezclarlo con las bebidas energéticas, ya que mezclamos efectos depresivos con estimulantes), pero sin embargo tiene un efecto de estímulo indirecto, que puede que la mayoría desconozca pero si lo sienta.

Lo que ocurre con el alcohol es que altera el correcto funcionamiento de los neurotransmisores, esos pequeños mensajeros cerebrales que lo controlan prácticamente todo, como el pensamiento, el comportamiento o las emociones. El alcohol afecta tanto a los neurotransmisores “excitadores” (como la famosa dopamina, causante de las adicciones y del “efecto recompensa”, o el glutamato, que aumenta los niveles de energía cerebral), como a los neurotransmisores “inhibidores” o depresivos, como el GABA, que reduce la energía y provoca efectos de calma.

Alcohol - Dia Mundial Sin Alcohol - Tratamiento y Tesintoxicación de alcohol - AlcoholismoPor ejemplo, para que os hagáis una idea, los medicamentos como el Valium (Diazepam) tienen como misión aumentar la producción del neurotransmisor GABA, aumentando su efecto de reducción de energía, y provocando la sedación y la calma. El alcohol también hace esto, aumenta los efectos de GABA, y por ello se prohíbe beber alcohol tomando estos medicamentos, porque una combinación puede sedar en exceso y el resultado puede ser fatal.

Por otra parte, el alcohol disminuye el neurotransmisor estimulante como el glutamato, y por ello se altera el pensamiento, el habla o el movimiento, se ralentiza, ya que se aumenta el “efecto depresivo” a la vez que se disminuye el “efecto estimulante”.

Además, con el tiempo nos volvemos más tolerantes, es decir, el efecto placentero de la dopamina disminuye y se busca beber en más cantidad para llegar a los niveles anteriores de dopamina, hasta llegar al punto de crear adicción.

Dos hechos que se observan en la práctica médica diaria llevan a realizar esta afirmación. Primero, que las personas que nunca habían padecido depresiones, cuando empiezan a beber cantidades importantes de alcohol, es muy frecuente que acaben desarrollando una depresión. Segundo, que cuando una persona que bebe alcohol en cantidades elevadas padece una depresión, no cura la depresión si antes no cesa el consumo elevado de alcohol.



Efectos del alcohol etílico sobre el sistema nervioso

 

Los efectos de la ingesta excesiva de alcohol sobre el sistema nervioso son múltiples pues, además del efecto tóxico directo que el etanol tiene sobre el sistema nervioso, en el alcoholismo crónico se asocian con gran frecuencia otros procesos que, en definitiva, son los causantes de los trastornos neurológicos más comunes asociados a esta adicción, así como una mayor incidencia de diversas enfermedades neurológicas.

Así, en el alcoholismo encontramos:

  • Deficiencias nutricionales.
  • Afectación de órganos cuya patología repercute secundariamente sobre el SN (cirrosis hepática fundamentalmente).
  • Posible existencia de tóxicos contaminentes en las bebidas alcohólicas.
  • Alta incidencia de traumatismos craneales, a veces no bien documentados, que provocan hematomas subdurales; de hecho, el 50% de ellos está asociado a alcoholismo.
  • Mayor frecuencia de hemorragias subaracnoideas e intraparenquimatosas, en general de tipo lobar, cuyo riesgo aumenta en relación directa con la cantidad de etanol ingerida. Si bien el consumo leve de alcohol parece disminuir la incidencia de accidente vascular cerebral, el consumo severo aumenta hasta 2,5 veces el riesgo de padecerlo.
  • Encefalopatía de Wernicke y Síndrome de Wernicke-Korsakoff
  • Mayor incidencia de procesos infecciosos.


Podemos encontrarnos con personas que beben para “escapar” de un estado depresivo, y personas que entran en debacle depresiva por la ingesta excesiva y continuada de alcohol.

Sea como fuere, la depresión se complica en aquellas personas que padecen alcoholismo, por leve que sea éste (nuestro criterio profesional es que cualquier alcoholismo es grave). El terapeuta puede ver cómo los síntomas se enmascaran, en buena parte, en una persona bebedora que no reconoce el alcance de su alcoholismo, por lo que el diagnóstico puede ser engañoso y, consiguientemente, entorpecer la terapia contra la depresión, retardando y agravando el problema y sus terribles secuelas.

La comorbilidad depresión-alcoholismo es extensa, pudiendo llegar a niveles del 36% en alcohólicos que cursan con padecimientos psicológicos, cuyo máximo exponente es precisamente la depresión.



 

¿Quién se suicida?

 

Las mujeres lo intentan más. Los hombres son más efectivos. “Usan métodos más contundentes”. De hecho, los varones triplican a las féminas en número de suicidios.

La mitad de los suicidados lo consigue tras una o varias tentativas. “Ése es el primer factor de riesgo: el haber intentado suicidarse. Sobre todo en el primer y segundo año tras la primera tentativa”.

“El que habla de suicidio es el que lo comete”. “Siempre que esto suceda, debemos preguntarle el porqué, no dejarle solo y ganar tiempo”.

Sólo las Urgencias de Madrid reciben cada día a entre cinco y ocho personas que han intentado suicidarse. (la próxima semana dedicaremos una entrada en el blog de Centro Can Rosselló sobre este tema, tan doloroso a la par que estigmatizado)

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Encefalopatía de Wernicke y Síndrome de Wernicke-Korsakoff

 

La encefalopatía de Wernicke y el síndrome de Korsakoff son afecciones diferentes que se deben ambas al daño cerebral causado por la falta de vitamina B.

La falta de vitamina B1 es común en personas con alcoholismo. También es común en personas cuyos cuerpos no absorben los alimentos apropiadamente (malabsorción), como ocurre algunas veces con una enfermedad crónica o después de una cirugía para la obesidad (bariátrica).

El síndrome o psicosis de Korsakoff tiende a desarrollarse a medida que desaparecen los síntomas del síndrome de Wernicke. La encefalopatía de Wernicke causa daño cerebral en partes bajas del cerebro llamadas el tálamo y el hipotálamo. La psicosis de Korsakoff resulta del daño permanente a zonas del cerebro involucradas con la memoria, es por eso que las estructuras más afectadas son el hipocampo, los cuerpos mamilares y el hipotálamo.

 

Trastornos psiquiátricos asociados al alcoholismo

 

Los trastornos psiquiátricos que aparecen asociados con mayor frecuencia al alcoholismo, son trastornos de personalidad antisocial (21 veces más probable que en la población general), la manía (6’2 veces más), la esquizofrenia (4 veces más) y el abuso de drogas (3’9 veces más).

Las demás drogas que aparecen asociadas al alcoholismo, por orden de mayor a menor frecuencia serían las de cocaína, hipnosedativos, opiáceos, alucinógenos, estimulantes y cannabis.

Aunque los síntomas aislados de ansiedad y depresión aparecen asociados con frecuencia al alcoholismo, los trastornos depresivos o de ansiedad no son mucho más prevalentes que entre la población general.

En la población general, los trastornos de ansiedad son los trastornos psiquiátricos más prevalentes, llegando, según algunos estudios hasta el 25% de la población. Entre un 23% y un 70% de pacientes alcohólicos presentan también trastornos de ansiedad, sobretodo neurosis de ansiedad y fobias. Por otro lado, del 20% al 45% de pacientes con trastorno de ansiedad tiene antecedentes de alcoholismo. Dicha comorbilidad entre alcoholismo y trastornos de ansiedad es más prevalente entre los dependientes que entre los abusadores de alcohol.

Entre los trastornos psiquiátricos de Eje II, asociados al alcoholismo, destacan los trastornos de personalidad (57-78%), que se distribuyen entre los de tipo paranoide (7-44%), antisocial (3-47%), límite (16-32%), histriónico (6-34%), por evitación (2-32%), y dependiente (4-29%).



Demencia producida por el alcohol

 

La enfermedad de Wermicke-Korsakoff es una demencia de tipo axial, es un trastorno cerebral que involucra la pérdida de funciones específicas del cerebro debido a la deficiencia de tiamina.

Se estima que esta encefalopatía está presente en el 2% de la población general y que menos del 15% de los casos es diagnosticado, probablemente por no presentar los síntomas clásicos esperados. Su prevalencia es seis veces mayor entre quienes abusan del alcohol.

Seguir leyendo… Encefalopatía de Wernicke-korsakoff

 

Delírium tremens y Síndrome de abstinencia

 

Muchas personas se preguntan ¿existe realmente el delírium tremens? ¿o es algo que sólo sucede en las películas? Claro que sí, “existe y es realmente muy peligroso” nos dice el dr. Francisco García, experto en adicciones y desintoxicación del alcohol.

El delírium tremens “es una forma grave de la abstinencia alcohólica que involucra cambios del sistema nervioso o mentales repentinos e intensos” nos cuenta el especialista en alcoholismo. “Es importante que las personas sepan que el delirium tremens es un síndrome grave, potencialmente letal, que ocurre en aproximadamente el 5% de los pacientes que siendo alcohólicos incurren en abstinencia súbita de alcohol.”

Y, ¿cuando aparece? “Su aparición se sitúa, generalmente, a las 72 horas de haber tomado la última copa de alcohol.” afirma el dr. F. García. “No debemos olvidar que el delirium tremens tiene una mortalidad cercana al 10%.” Seguir leyendo sobre  Síndrome de abstinencia y delírium tremens



¿Debo pedir ayuda?

 

En cuánto a saber cuándo ha llegado el momento de solicitar ayuda es muy sencillo, en el momento de sospechar (aunque sea levemente) que se tiene cierta dependencia del alcohol (deseos de tomar una copa ante cualquier dificultad, ganas de beber a horas “socialmente” inapropiadas, dificultades de relación social si no es con un vaso de vino o cerveza en la mano…).

No espere a tambalearse, ni a que su pareja le amenace con el divorcio, a que le acaben echando del trabajo, o simplemente a que le aparezcan temblores en la mano cuando llega la hora de beber. Acabar con la adicción al alcohol resulta más fácil cuanto más pronto se solicita ayuda especializada.

Recuerde que el alcohol que antes le reducía los niveles de ansiedad ahora se los eleva, particularmente cuando se encuentra con resaca.



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