Drogas y conducción: una dramática realidad.

Conducir después del consumo de sustancias psicoactivas es un hecho frecuente en España, alcanzando a doce de cada cien conductores.

“Si a fecha de hoy ningún conductor se pusiera al volante tras haber consumido drogas, en un año presentaríamos un informe con 1.000 fallecidos menos”. Afirma sin ninguno tipo de duda la Directora General de la Dirección General de Tráfico (DGT).

 

¿Por qué es peligroso conducir bajo los efectos de las drogas?

 

Quizá hay una frase que lo dice todo: Si se eliminara el consumo de drogas y alcohol por los conductores se podrían salvar 1.000 vidas cada año.

Los efectos de cada droga son diferentes dependiendo en cómo ellas actúan en el cerebro. Por ejemplo, la marihuana puede atrasar el tiempo de reacción, deteriorar las facultades para juzgar el tiempo y la distancia y disminuir la coordinación motora. Los conductores que han usado la cocaína o la metanfetamina pueden ser agresivos e imprudentes cuando conducen. Ciertos tipos de sedantes, llamados benzodiacepinas, pueden causar mareos y sueño. Todas estas deficiencias pueden llevar a tener un accidente.

 

Alcohol, tolerancia “cero”

 

¿Y sabes porque? Porque no hay una cantidad de alcohol inocua. Existe un límite legal a partir del cual hay sanciones, pero desde la primera copa, desde la primera cerveza, el alcohol juega en nuestra contra. El alcohol disminuye tus capacidades para conducir desde la primera gota y sin que te des cuenta.

 

Un 40% de los automovilistas muertos en 2014 habían bebido alcohol o consumido alguna otra droga

 

Tras aumentar, por primera vez en una década, el número de fallecidos en accidentes de tráfico, el sector busca la explicación y fija la mirada en los factores que han podido influir en ese cambio de tendencia. El área de Seguridad Vial de la Fiscalía General del Estado (FGE) destaca que las condenas por conducir ebrio han aumentado un 9% en solo un año. Estas sentencias han pasado de las 53.793 de 2013 a las 58.607 de 2014. Y ya representan el 24,3% de todas las dictadas en todo el territorio nacional por toda clase de delitos.

El 25% de las condenas judiciales en España son por conducir ebrio - dejar el alcohol - problemas alcohol -alcohólico

Las sentencias contra los automovilistas ebrios aumentan casi un 10% en solo un año.

El consumo de alcohol, junto al de estupefacientes, se ha convertido en una de las prioridades de las autoridades de Tráfico. El último informe del Instituto Nacional de Toxicología apuntaba que el 39,09% de los automovilistas muertos en 2014 habían bebido o tomado algún tipo de droga. Un dato preocupante es el aumento de la presencia de cocaína y cannabis entre los conductores; y no debemos olvidar que es un combinado espectacularmente notorio, novedoso, pero sobretodo preocupante.

 

Uno de cada cuatro conductores conduce bajo los efectos de las drogas.

 

Doce de cada cien conductores conduce después de consumir alguna sustancia psicoactiva. Se dice pronto…

Y cuatro de cada diez conductores fallecidos en accidente de tráfico resultaron positivo en sangre a drogas o alcohol.

Conducir con presencia o bajo los efectos de las drogas deteriora la capacidad para conducir con seguridad y se asocia a un mayor riesgo de accidente con resultado de muerte. Desde hace años existe un creciente interés y preocupación acerca de la implicación de las drogas en los accidentes de tráfico y en la instauración de medidas adecuadas para reducirlos.

El pasado año entró en vigor la reforma de la Ley de Seguridad Vial, que contempla la regulación administrativa y penal para la conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas. En este sentido, el diagnóstico de trastorno por consumo de drogas no implica que el paciente no pueda conducir. La enfermedad (adicción), la posible existencia de otras patologías y la medicación recibida, son aspectos que tanto el profesional sanitario como el paciente deben tener en cuenta a la hora de valorar la aptitud para conducir.

 

Un 30% de los conductores conducen tras tomar medicamentos que, en su mayoría, reducen los reflejos.

 

Muchos pacientes en tratamiento por abuso de sustancias conducen de forma habitual y/o por motivos profesionales. Según las conclusiones del estudio PROTEUS se ha asociado que conducir comporta menores problemas legales y es un factor de normalización para los pacientes y, en ocasiones, es necesario para su trabajo. Sin embargo, existen evidencias de que la medicación prescrita para tratar la adicción a diferentes drogas afecta la capacidad de conducir de los pacientes al disminuir su estado de alerta.

Por ejemplo, el 94% de los pacientes están en tratamiento con metadona en dosis superiores a 60 mg/día, tienen afectada su capacidad para conducir. Aun así, de estos, más de la mitad conduce un vehículo a diario.

No obstante, el reciente artículo científico “Driving and legal status of Spanish opioid-dependent patients” (Conducción y situación legal de los pacientes españoles dependientes de opiáceos) indica que está demostrado que los pacientes desempeñan sus actividades diarias mejor con tratamiento que sin él. De esta manera, y aunque la medicación prescrita para tratar la adicción a opiáceos afecta la capacidad de conducir, no todos los medicamentos disponibles en el mercado son similares, ni afectan del mismo modo.

 

Deténgase y sople, señor peatón

 

Y es que el alcohol no sólo está presente en casi la mitad de los fallecidos en accidentes de tráfico, también lo está en los peatones.

En el artículo Perfil del peatón fallecido: mayor de 60 años que ingiere alcohol o psicofármacos, os contábamos que la mitad de los peatones fallecidos el pasado año dieron positivo por consumo de alcohol, drogas o psicofármacos, la mayoría hombres.

Entre otras modificaciones, la última ley establece que los peatones que hayan cometido una infracción deberán someterse a las pruebas de detección de alcohol y drogas, con independencia de si se han visto implicados en un accidente.


España, el país con mayor índice de “conductores drogados”


Gracias a los resultados de las investigaciones, sabemos que de los 13 países europeos participantes en el estudio, España ostenta el porcentaje más elevado de conductores que conducen bajo el efecto de alguna droga (7,63%) y de los que lo hacen bajo los efectos de alcohol, drogas y medicamentos al mismo tiempo (1,14%).

Además, España es el segundo país, por detrás de Italia, con mayor prevalencia de positivos (14,85%) en alcohol o drogas o medicamentos, tres veces (4,43) el valor de la media del resto de países, y segundo también de positivos (0,57%) en policonsumo (combinación de drogas y/o medicamentos). El cannabis es la droga más frecuente entre los conductores españoles, seguida por los estimulantes.

Los distintos tipos de drogas -depresoras (alcohol y opiáceos), estimulantes (anfetamina y cocaína), perturbadores de las percepciones (cannabis)-, deterioran de manera clara la capacidad para conducir con seguridad, si bien los mecanismos neurobiológicos implicados en esta acción pueden ser diferentes. En cualquier caso, conducir con la presencia de drogas se asocia a un incremento en el riesgo de verse implicado en una colisión de tráfico fatal, con fallecimiento.


Drogas ilegales: ¿Sabes lo que provocan en tu cuerpo?


Ni tú ni nadie sabe lo que puede provocar la droga, sea la que sea, en tu organismo. Cuando una persona vende la última pastilla de moda no da un prospecto que explique su composición o sus efectos secundarios. Esto es un curso para ser mejor conductor, así que no te vamos a hablar de los peligros que tienen las drogas para tu salud y la adicción que producen (eso ya lo sabes tú), pero sí del riesgo que suponen para la conducción.

 

Conducir con el “puntito”

 

El alcohol está presente en el 50 por ciento de los accidentes mortales. Y os sorprenderíais si supierais la tasa de alcoholemia de todos ellos. Uno puede pensar que estos conductores había ingerido algo más que una caña..  que iban tan bebidos que seguramente no mantenían el equilibrio.

Pues no siempre es así. Y es que el mayor peligro del alcohol, sin duda, es que aún en pequeñas cantidades, reduce tus reflejos, tu concentración, y provoca una euforia que invita a la imprudencia. Entre la primera copa y la borrachera de no mantenerse en pie, hay una fase de euforia especialmente peligrosa en la que te crees un superdotado y, además, te empeñas en demostrarlo.

 

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