La importancia de saber decir NO

Es muy fácil, casi de las primeras cosas que aprendemos cuando somos niños.
Basta juntar la N con la O, y… ya lo tenemos, NO!

Pues siendo tan fácil decirlo de pequeños, y el que tenga  hijos pequeños me dará la razón, parece ser que según vamos creciendo vamos perdiendo esa habilidad y luego nos cuesta  un montón pronunciar la palabra en cuestión.

 

Una de las palabras que más nos cuesta aprender a decir es NO.

 

A simple vista parece fácil, pero cuando se producen las situaciones ideales para decirla muchas veces construimos esa barrera del miedo que nos impide pronunciarla

Saber decir NOTodo sabemos que los límites son necesarios, pero no siempre nos sentimos capaces de aplicarlos en el momento justo.

La palabra ‘NO’, es una forma de poner un límite, de negarse a hacer o decir algo cuando no se está dispuesto, pero desafortunadamente hay quienes no saben decir ‘‘no’’, aunque eso les traiga complicaciones a su vida. Las razones son múltiples: pena, obligación, compromiso, etc.

 Esta palabra es más que una simple negativa y tampoco se trata de un simple monosílabo. “No”, es una pequeña palabra que, dicha a tiempo, puede evitar muchos problemas con nosotros mismos y con nuestro entorno. Acompañada de una explicación y un buen tono, una negativa a tiempo puede poner límites y nos evita posibles problemas a futuro.

 

¿Por qué nos cuesta tanto decir NO?

 

Aunque podríamos decir lo que de verdad pensamos, es frecuente tener una actitud complaciente, porque cuando llevamos la contraria o no aceptamos tareas que consideramos que no nos corresponden, eso no les gusta a los demás; pero estar disponible para todo y para todos disminuye nuestra autoestima, nos hace vulnerables al chantaje emocional y nos dificulta el mantener unas relaciones sanas y equilibradas, en las que podamos decir “sí” o “no” en función de nuestras convicciones.

 

Primero un ‘Sí’, después un ‘No’

 

Aunque suene paradójico, para poder decir “no” a otros, primero debemos aprender y acostumbrarnos a decirnos “sí” a nosotros mismos.

Una vez más, la autoestima pasa a ocupar un papel fundamental: conocer nuestras necesidades, valorar nuestros deseos, respetar nuestros valores y priorizar nuestros sentimientos es el primer paso para enfrentarse a otra persona con esta negativa. Pero si no valoramos lo que somos, no tendremos la solvencia necesaria para confrontarla.

Entonces, cuando definamos claramente qué es lo que queremos para nuestras vidas y qué cosas dejamos de lado, a qué le decimos sí y a qué no, entenderemos que saber decir “no” no significa pasar por alto las necesidades de los otros para satisfacer egoístamente las nuestras, sino buscar un equilibrio entre nuestra realidad interior y la exigencia exterior, representada por las demandas de los demás.

Pero ¿cómo podemos decir “no” sin que suponga un conflicto?

Lo primero es no sentirnos culpables si debemos negarnos a alguna petición. Dar prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no tiene por qué ser una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

Nuestras negativas no sólo no estropean nuestras relaciones con los demás, sino que muchas veces las mejoran, ya que demuestran sinceridad y respeto (por los demás y por nosotros mismos).

© 2017 por Elena Martí Nabona - TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS