Mueren dos bueyes por sobredosis de speed en una competición de arrastre en Bizkaia

La muerte de dos animales ha sacado a la luz el negocio del dopaje en este deporte rural.


Dos bueyes de 800 kilos preparados para arrastrar una carga de casi dos toneladas, pero cuando les tocó el turno no estuvieron a la altura. Los animales se cansaron antes de recorrer los metros previstos…

Dos horas después los bueyes cayeron desplomados y murieron en una de las esquinas del recinto.

Mueren dos bueyes por sobredosis de speed - Bueyes vascos con speed. 'Chutan' drogas a sus bueyes

Imagen de elmundo.com

 

Este hecho ocurrió en el municpio vizcaíno de Erandio el pasado 16 de agosto. Concha Royo, miembro del Colectivo Animalista, asegura: “Les habían inyectado speed”. La Diputación de Vizcaya confirma que los dos animales habían sido dopados con speed. Es el último caso conocido, pero no el único en este tipo competiciones.

Íñigo Aurrekoetxea, campeón de ‘Idi Proak’, asegura: “Dopaje hay en todos los ámbitos. Todo el mundo lo sabe.” Iñaki entrena con sus animales a diario, pero reconoce que si existen los casos de dopaje.

“Se hacen controles, se hacen análisis y todos los meses sale algún tipo de dopaje”, indica Íñigo.

Otros muchos de los habituales a estas pruebas lo sospechaban. Tampoco ayudaba ver la resistencia a que el veterinario de la Diputación sacara una muestra de sangre a los animales o incluso la llegada de un veterinario desde Santander. Apenas una hora después de desplomarse, los dos bueyes morían a la vista de todos y al parecer con el corazón reventado. Lo hicieron apenas con tres minutos de margen.

En el mundillo de las pruebas de bueyes en Euskadi hace tiempo que muchos callan. Los menos han comenzado a hablar, a contar qué se esconde en las entrañas de estos inmensos animales de arrastre. Ni instituciones ni aficionados dudan de que lo sucedido en Erandio es otro caso más de doping, esta vez con resultado fatal. Las pruebas de laboratorio han confirmado que se les inyectó speed -anfetaminas-, según la Diputación de Vizcaya. La dosis podría haber estado adulterada o habérseles inyectarles una cantidad excesiva para su peso.

El pasado mes de abril en Llodio (Álava) otro animal fallecía tras una prueba, poco después de habérsele inyectado una sustancia para incrementar su rendimiento.


Estimular animales con café, aspirinas… ahora speed.


Antiguamente bastaba con estimular a los animales con pequeñas dosis de cognac, café o aspirina. Funcionaba. Pero la rivalidad llevó a buscar productos con mejores resultados. Se comenzó por instalar carpas para vigilar desde la víspera que nadie manipulaba al animal. Ese celo se fue relajando.

Ya ni se instalan y no es extraño ver a plena luz del día cómo se inyecta a un buey antes de la carrera.

El speed, las anfetaminas, no es el único producto. La fenilbutazona, para aliviar lesiones; la pentoxicilina, la dromostanolona, el butorfanol…


“Ya no es un deporte, es tráfico de droga”


Según algunos testimonios, el espectáculo se ha convertido en una pugna de sustancias sospechosas. «Esto está acabado», «hay que acabar con los narcos», «ya no es deporte, es tráfico de drogas», aseguran varios ganaderos a Crónica.

“El 98% de quienes participan lo hacen pinchando droga a sus bueyes”. La sombra de la sospecha está tan instalada que también las tradicionales y cuantiosas apuestas en los deportes vascos han caído en picado.

Quienes hacen esta denuncia en muchos casos prefieren el anonimato. Tienen miedo. Las amenazas de muerte empiezan a ser más habituales de lo normal, las llamadas inquietantes en plena madrugada también e incluso los incendios fortuitos de cuadras. «Por si acaso, yo lo he puesto todo asegurado a todo riesgo», reconoce un ganadero.


“Yo drogo a mis animales”


Hay quien reconoce sin tapujos: “Sí, yo he drogado y ahora a veces drogo a mis bueyes, pero no me queda otra, todos lo hacen y si yo no lo hago…”. Lo afirma Iñaki Lopategi, el verdadero número uno de este deporte. En el pasado no jugó limpio y fue sancionado.

Ha llegado a pagar una multa de 62.000 euros, que con la demora en el pago y el abogado le supuso un desembolso de 82.000. Pero Lopategi está dispuesto a acabar con esto: “O todos sucios o todos limpios”.

Denunciar en este entorno puede salir caro. En 2009 una noche alguien prendió fuego a su cuadra «y casi nos queman vivos a mí y a mi mujer, estoy convencido de que fueron mis enemigos para acabar conmigo»


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