¿Qué se esconde tras la moda de los payasos asesinos? Descúbrelo.

La moda de los payasos diabólicos ha llegado a España, de eso no hay duda. La extraña de moda de los payasos que aparecen de la nada en barrios residenciales, asustando a los habitantes, apareció hace unos pocos meses, y desde entonces, se ha masificado en plena víspera de Halloween.

Personas arrestadas, colegios cerrados y casos de violencia son algunas de las consecuencias reales que han generado estas personas disfrazadas, que se han vuelto tendencia en las redes sociales.


#LleidaClown, la broma del payaso diabólico catalán.


El bufón de Lleida cesa su actividad en las redes sociales y aclara que solo pretendía dar «misterio» a la ciudad catalana. Así ha finalizado el fenómeno del #LleidaClown. Se trata de una falsa alarma después de que varias personas sembrasen el terror en Estados Unidos y Suecia, donde se registró un apuñalamiento.

El payaso  diabólico que ha aterrorizado las redes sociales se «despide para siempre» después de solo siete días de actividad. El tipo de cara blanca, peluca pelirroja y traje de arlequín ha aclarado que solo quería  darle a Lleida un toque de misterio y suspense para los amantes del género».

Hace un semana surgió de las profundidades de las redes sociales el “primer payaso diabólico catalán”, o al menos eso es lo que dijeron algunos titulares. Pero este lunes, #LleidaClown ya “se despide para siempre”.

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Su cuenta, con el lema ‘Andad de día, que la noche es mía’, solo tiene subidas once tétricas fotos nocturnas en las que el payaso sale merodeando las calles del centro de la ciudad catalana. Los medios no tardaron en hacerse eco de la noticia y la cuenta pasó de tener unas decenas de seguidores a sumar los 11.300 actuales en pocos días. La curiosidad, a la par que temor, de la llegada de la moda de los payasos diabólicos a España, procedente de Estados Unidos, ha hecho que su perfil se hiciera viral.

Las instantáneas rápidamente revolucionaron la capital del Segrià, de casi 140.000 habitantes, y la noticia, a fuerza de tuitearse, saltó a los medios. Primero a uno local y después a otros de ámbito estatal. El vídeo y los atinados ‘hashtags’ #LleidaClown, #Lleida y #Clown fueron la mecha que prendieron rápido en la red.


Adiós Lleida. LleidaClown se despide para siempre


Así se despedía en su última foto:

“Adiós Lleida. LleidaClown se despide para siempre. Nuestro objetivo fue desde un principio darle a Lleida un toque de misterio y suspense para los amantes del género a las puertas de Halloween. Ha habido muchas personas que han sabido entrar en el juego mandándonos mensajes de apoyo e intentando imitarnos, otras no lo han hecho, se han dejado llevar por las mentiras y los rumores o simplemente no les ha gustado la idea, y nos han hecho llegar sus opiniones, insultos y amenazas, tal vez fundadas por falsas informaciones que se han dado en los medios, como que asustábamos a la gente y muchas otras mentiras, cuando la verdad es que ninguna persona de Lleida llegó a vernos ningún día ya que como muchos han acertado, teníamos las fotos hechas de hacía varios días. Lo único que hicimos nosotros fue subir una foto diaria acompañada de una frase. A nosotros nos ha servido para darnos cuenta de varias cosas, entre ellas, que no siempre los medios dicen la verdad, que no siempre hay que dejarse llevar por las alarmas sociales, ni por lo que dice o hace la multitud y que las redes sociales ejercen un poder de difusión inmenso. Hasta más ver, Lleida. PD: No me busquéis en el lugar donde ha estado tomada la foto, no me vais a encontrar.”


La psicosis de los payasos diabólicos…


La psicosis de los payasos diabólicos ya se está extendiendo por Europa. Después de que saltase la alarma en Carolina del Sur, cuando unos niños aseguraron que un hombre disfrazado de payaso quería atraerles hacia un bosque, esta irrisoria moda ha cruzado el océano hasta llegar a España.

Una siniestra moda, la de los #Payasos diabólicos o payasos asesinos que merodean por algunas ciudades de Estados Unidos y a los que se acusa de intentar raptar niños, se extiende poco a poco por todo el mundo. Payasos con miradas diabólicas y rostros malignos, unos personajes muy desagradables.

Puede que sólo sea una broma macabra y está aún por demostrar que estos payasos estén cometiendo algún delito o supongan algún tipo de amenaza, aunque una cosa es segura: no hacen gracia y despiertan mucho recelo, especialmente para los padres y madres de niños pequeños.

De hecho, ya se han registrado ataques de pánico y numerosas llamadas a la policía por todo el país. Y la cosa parece que va a más….


Un fenómeno Youtuber


Sin embargo, la moda de los ‘payasos asesinos’ (Killer Clown) realmente alcanzó la fama con Youtube. En EEUU no se lo toman a risa, allí las siluetas tenebrosas acostumbran a asustar a la gente con armas.

Todo empezó con un grupo de bromistas que se dieron cuenta de que podían hacer videos disfrazándose de payasos malditos y aterrorizando a la gente. Gracias a internet eso se transformó en un fenómeno mucho más grande, y de consecuencias imprevisibles.

Las redes sociales se encuentran inundadas con fotos y vídeos de personas que dicen haber tenido algún encuentro con estos payasos. Es tal la moda, que a la policía le resulta realmente difícil diferenciar los casos verdaderos de los falsos.

Muchas personas en distintos países están siendo víctimas de estos payasos. Sin tener en claro si se trata de bromistas o de auténticos seres endemoniados. Se convirtió en un mito urbano. La mayoría de estos payasos se dedican a blandir machetes, hachas, sierras eléctricas y demás objetos amenazantes, con el único objeto de asustar a quien pase cerca de ellos.

En Francia en el 2014 también se vivió una ola de payasos hasta el punto que gente no se atrevía a salir de noche en algunas ciudades por temor a ser atacada por falsos payasos. La policía emitió un comunicado en el que señaló que desde mediados de octubre de ese mismo año la población estaba preocupada por un rumor basado en videos de internet sobre la presencia de “payasos agresivos y amenazantes en dicho país.

Ahora ha sido Estados Unidos el que ha vivido en los últimos meses una verdadera fiesta pero de terror  y es que a pocos días de que se celebre Halloween algunas escuelas de los diferentes estados, en donde se han visto extraños casos de apariciones de payasos maléficos han tenido que prohibirles a los niños no disfrazarse de payasos.

La epidemia de los ‘payasos siniestros’ ha cobrado tal envergadura en EEUU que incluso la cadena McDonald’s ha anunciado que va a restringir las apariciones de su emblemático personaje Ronald McDonald. En verano la policía de Carolina del Sur comenzó a investigar informes sobre hombres vestidos de payasos que intentaban atraer a niños hacia el bosque. Las denuncias resultaron falsas, una broma, pero desde entonces a algunos les ha dado por vestirse de payaso para acercarse a coles y oficinas, a veces a pie, a veces en camionetas. Y a veces armados.


Una “tendencia muy triste”


El pasado jueves un joven de 19 fue apuñalado por la espalda en la pequeña ciudad de Tvååker, al sur de Goteborg, por un desconocido que huyó corriendo, según informó la policía del condado de Halland en internet. Nadie ha sido arrestado y la policía busca testigos. La víctima sufre heridas superficiales. Esta agresión es la última de una lista que no para de alargarse y que alimenta cierta histeria colectiva.

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El miércoles una joven fue amenazada de muerte por dos payasos maliciosos en el centro del país. “Tuvo mucho miedo”, relató al diario Aftonbladet un portavoz policial. El mismo día, cuatro niños de 10 años fueron rodeados por hombres vestidos de payasos que les amenazaban con motosierras, que resultaron ser falsas. El ministro del Interior, Anders Ygeman, llamó a la población a mantener la calma.

En la vecina Noruega la cadena de juguetes Ringo ha decidido detener la venta de disfraces de payasos en sus 114 tiendas. “Creemos que es un fenómeno desagradable asustar a la gente”, dijo el gerente de una tienda a la cadena NRK. “Es por eso que hemos eliminado todos los accesorios de payaso.”

La pasada semana, la policía de Oslo había informado de un niño que, al regresar de la escuela, había sido perseguido por un payaso con una sierra. Bromas parecidas también se han producido en Dinamarca, según los medios locales.


A la caza del payaso.


En varias universidades de Estados Unidos, centenares de alumnos se han lanzado a las calles a la caza de payasos diabólicos que supuestamente merodeaban en los campus. En la localidad de Orem, en el estado de Utah, la Policía ha tenido que advertir sobre la ilegalidad de disparar contra los payasos. “Estas siete palabras nunca pensamos que tendríamos que decirlas…'” Tengamos una conversación seria sobre los payasos'”, publicaron los agentes en en su página de Facebook.

Este tipo de historias se están propagando rápidamente por Internet. Numerosos usuarios de Twitter informan casi cada minuto de avistamientos de payasos, a veces como advertencia y otras como punto de encuentro para los “cazadores de payasos”.

Un vídeo muestra como estudiantes de la Universidad de Oregon realizan batidas con antorchas de noche por el campus. Para muchos es muy divertido, pero para otros es una auténtica pesadilla.

Y sólo acaba de empezar, pues Halloween está a la vuelta de la esquina, lo que significa que todo aquel que también le tenga miedo a los zombies, las brujas y demás no se atreverían a salir de casa.


¿Marketing?


Y mientras los avistamientos prosiguen, quienes compartan esa escasa simpatía por los payasos será mejor que vayan preparándose: vienen más payasos espeluznantes. En poco menos de un año se estrenará en los cines el remake de It.

Se ha llegado a especular con la hipótesis de que la actual histeria pudiera ser una campaña orquestada para promocionar la película, algo que Warner Bros ha negado categóricamente a la CNN.


El fenómeno denominado “Killer-Clown” (payaso asesino)


El miedo a los payasos no es nada extraño ni nuevo. En psicología a este terror irracional se le conoce como coulrofobia. Películas como It o Poltergeist explotaron este terror que muchas personas sufren.

Durante muchos años se han dado casos aislados de gente disfrazada de payaso, pero la proliferación de avistamientos de estos últimos meses no tiene precedentes.

El resurgimiento de esta moda es incierto, aunque es muy probable que se deba a ciertos vídeos de bromas publicados en diversos canales de Youtube. En ellos vemos cómo un grupo de payasos, con un aspecto realmente amenazador, persiguen a los incautos viandantes con ánimo de asustarlos.


Pero, ¿por qué mucha gente teme a la figura de un payaso?


Según un estudio realizado en la Universidad Sheffield, en Inglaterra en 2008, en realidad la mayoría de los niños no gustan de los payasos; al contrario, les causa miedo.  Eso se debe, según los investigadores, a que las expresiones en los rostros del payaso no son reconocidas por el menor que las encuentran raras.

Otra razón es la cultura popular y a las producciones fílmicas de horror asociadas con payasos. Tenemos a estos personajes con caras de payaso matando gente o haciendo cosas realmente desagradables, sin duda, estamos influenciado por lo que se ve en la televisión y en las películas.

La mayoría de las personas no tienen miedo a los payasos en su día a día, pero la cara de un payaso ha pasado a formar parte de una cultura del susto. Hay un estereotipo del payaso desagradable, malvado, misterioso. Si nos fijamos en los payasos lo que tendemos a encontrar es que parte de su cara o pies son exagerados, enormes narices, bocas de miedo y cabello exorbitante.

Incluso sin llegar al grado de fobia, la imagen del payaso resulta turbadora para muchos. El psicólogo Frank McAndrew ha dirigido recientemente un estudio publicado en la revista New Ideas in Psychology, para el que entrevistó a más de 1.300 voluntarios con el fin de indagar en “la naturaleza de lo siniestro”. Entre las muchas conclusiones del trabajo, hay una profesión que la mayoría de los encuestados considera la más siniestra.

Las características que conforman esa sensación de miedo son patrones de contacto visual y otros comportamientos no verbales, así como algunas características físicas como ojos saltones, determinadas sonrisas o un tamaño de los dedos más largos de lo normal.

miedo a los pallasos - salud mental -  coulrofobia

Otro factor, quizá el más importante, es la falta o la exageración en la muestra de emociones. Además, causan miedo quienes se ríen en situaciones inapropiadas, llevan ropa extraña, tienen profundas ojeras y la piel pálida. Los payasos aúnan todos estos rasgos. “Se alegran del mal ajeno y son imprevisibles, no se puede decir quiénes son o qué sienten realmente.

También existe un gran consenso entre los profesionales de la salud mental en que una de las principales causas de la coulrofobia se debe a las características del maquillaje que emplean los payasos. Los colores vivos, los ojos y sonrisas exagerados, la nariz roja, son estímulos chocantes para la mente de un niño, y pueden llegar a causarle miedo, del mismo modo en que algunos pequeños también temen sentarse en el regazo de Santa Claus.

El miedo a los payasos, en consecuencia, puede tener uno de sus orígenes en la desconfianza que genera la cara histriónicamente maquillada, que no deja vislumbrar la expresión facial auténtica.

La ambigüedad y el anonimato de la máscara lo percibimos como una amenaza. La aversión a los payasos tiene que ver con sus expresiones artificiales pintadas, que impiden saber lo que realmente sienten o piensan. Hay cierta ambigüedad sobre sus verdaderos sentimientos, lo que provoca incomodidad en la gente.

Según los expertos, la idea moderna del payaso gracioso y feliz es una deformación del personaje tradicional. “Es una figura siniestra, en parte porque combina sentimientos contradictorios de horror y humor, miedo y risa”. Todo lo cual resulta aún más perturbador cuando el payaso escapa de su hábitat natural. “Si lo vemos en circos y fiestas, es gracioso. Pero si está parado en una calle oscura o llama a tu puerta a medianoche… ¡Entonces ya no tiene ninguna gracia!”.


La ambigüedad genera miedo.


Lo que está claro es que lo que realmente genera esa sensación de miedo es una reacción ante una posible amenaza. La ambigüedad de saber si algo es peligroso o no, es lo que nos provoca escalofríos. Si alguien resulta, de primeras, inofensivo pero nos da “mal rollo” (como se dice vulgarmente) por alguna razón, no es lógico huir, pero nuestro cerebro tampoco va a ignorar esa intuición a lo que, en realidad, es una amenaza.

Dicho de manera sencilla, eso hace que se produzca un bloqueo, una falta de respuesta clara ante lo que es ambiguo, que se traduce en una indefensión que requiere estar alerta. Es un mecanismo de defensa ante algo que no sabemos si es o no peligroso. La creencia más aceptada sobre la coulrofobia es que el maquillaje; ese maquillaje que evita mostrar identidades y sus verdaderos sentimientos, lo que tendría sentido con esta nueva hipótesis sobre la ambigüedad como motor del miedo a los payasos. Todas las características de sus disfraces (grandes narices y zapatos, pelucas, pintura…) crean esa ambivalencia que, nos pone “el subconsciente” en guardia.


¿Moda pasajera? 


A diferencia de las leyendas urbanas clásicas, que tienden a quedarse durante décadas y son contadas constantemente con el tiempo, los mitos de internet como los “payasos horrorosos” o Slender Man tienen una tendencia a llegar en oleadas y luego desaparecer.

Cabe decir que no es la primera vez que aparece una ola de payasos aterradores. La primera de la que se tiene memoria ocurrió en los años 80, luego de que estudiantes de Massachusetts denunciaran que un payaso los estaba tratando de llamar desde una camioneta. Así comenzó una pequeña leyenda urbana, que se extendió por algún tiempo, pero luego se esfumó.

Lo que no hay duda es de que, en la era de internet, estas olas nacen, se propagan y mueren mucho más rápido. Nadie duda de que la moda de los payasos perderá vigencia. Poro sólo para regresar dentro de unos años, quizá con más fuerzas que ahora.

No cabe duda de que, ante la moda de los disfraces de payaso asesino, más de uno recurrirá a esta idea para su traje de Halloween.


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© Elena Martí Nabona para Centro Can Rosselló