La conductora que mató a dos ciclistas en Oliva eludió tres controles antes del accidente

La  conductora que el pasado domingo mató a dos ciclistas y dejó tres heridos graves en Oliva no pasó por ninguno de los tres controles de alcoholemia montados en la zona en las horas previas al accidente.

M. S., de 28 años y vecina de Gandia, tiene antecedentes policiales por alcoholemia y drogas, según informó el delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Juan Carlos Moragues.

Y es que no era la primera vez que “cazaban” a M.S. conduciendo bajo los efectos del alcohol. La joven, quien como decíamos atropelló mortalmente a un pelotón de ciclistas ya dio positivo por alcoholemia en un control policial en 2013. Entonces dio una tasa de alcohol en aire espirado de 0,60 miligramos, una cantidad que implica la retirada de carné. También tenía antecedentes policiales por drogas, aunque la investigación no concretan si fue por tráfico o por tenencia. Estos antecedentes le supusieron la retirada del carné en 2013.

Drogas y conducción: una dramática realidad.

El domingo, M. S. volvió a coger el coche habiendo bebido. Dio positivo en el control de alcoholemia y otras drogas al que fue sometida tras arrollar a los ciclistas en una carretera de Jávea (Alicante). En esta ocasión, la tasa fue superior a 0,80 y la droga consumida, cocaína.

En la zona, a la joven se la conoce sobre todo por la relación que tenía con su abuelo octogenario. “Tenía devoción por él”, cuentan. Ella le acompañaba a almorzar y a veces le seguía cuando salía de casa por si se perdía, como ya pasó una vez. “Es una chica muy sentimental”, dicen de ella quienes la conocen. Algunos vecinos cuentan que el abuelo padecía Alzheimer y que la joven le cuidaba desde que se murió su esposa hace un par de años. El sábado M. S. cogió el coche de su abuelo y atropelló al pelotón de ciclistas en la mañana del domingo cuando, posiblemente, regresando de un sábado de fiesta.

La vecina de Gandia de 28 años de edad, fue detenida y puesta a disposición del juzgado de Instrucción número 2 de Gandia, que ha ordenado prisión provisional comunicada y sin fianza para la joven, a la que imputa dos delitos de homicidio imprudente, tres delitos de lesiones por imprudencia grave y un delito contra la seguridad vial.

El delegado del Gobierno en la Comunitat Valenciana ha afirmado que hubo “un cambio de carril por parte de la conductora”, que circulaba en sentido contrario al de los ciclistas, lo que lleva a pensar que pudo ser “una distracción o bien se durmió al volante”, aunque la causa del siniestro, ha insistido, es “la ingesta de alcohol y otras drogas“.

Y cabe recordar que si a fecha de hoy ningún conductor se pusiera al volante tras haber consumido drogas, en un año presentaríamos un informe con 1.000 fallecidos menos.


Drogas y conducción: una dramática realidad.


Conducir después del consumo de sustancias psicoactivas es un hecho frecuente en España, alcanzando a doce de cada cien conductores.

Quizá hay una frase que lo dice todo: Si se eliminara el consumo de drogas y alcohol por los conductores se podrían salvar 1.000 vidas cada año. Afirma sin ninguno tipo de duda la Directora General de la Dirección General de Tráfico (DGT).

Y es que el alcohol y otras drogas al volante son un arma letal, ya que se pierden reflejos, la conducción se hace más impetuosa, se tiene una sensación de riesgo diferente a la realidad y la peligrosidad aumenta.

Los efectos de cada droga son diferentes dependiendo en cómo ellas actúan en el cerebro. Por ejemplo, la marihuana puede atrasar el tiempo de reacción, deteriorar las facultades para juzgar el tiempo y la distancia y disminuir la coordinación motora. Los conductores que han usado la cocaína o la metanfetamina pueden ser agresivos e imprudentes cuando conducen. Ciertos tipos de sedantes, llamados benzodiacepinas, pueden causar mareos y sueño. Todas estas deficiencias pueden llevar a tener un accidente.


España, el país con mayor índice de “conductores drogados”


Gracias a los resultados de las investigaciones, sabemos que de los 13 países europeos participantes en el estudio, España ostenta el porcentaje más elevado de conductores que conducen bajo el efecto de alguna droga (7,63%) y de los que lo hacen bajo los efectos de alcohol, drogas y medicamentos al mismo tiempo (1,14%).

Además, España es el segundo país, por detrás de Italia, con mayor prevalencia de positivos (14,85%) en alcohol u otras drogas o medicamentos, tres veces (4,43) el valor de la media del resto de países, y segundo también de positivos (0,57%) en policonsumo (combinación de drogas y/o medicamentos). El cannabis es la droga más frecuente entre los conductores españoles, seguida por los estimulantes.

Los distintos tipos de drogas –depresoras (alcohol y opiáceos), estimulantes (anfetamina y cocaína), perturbadores de las percepciones (cannabis)-, deterioran de manera clara la capacidad para conducir con seguridad, si bien los mecanismos neurobiológicos implicados en esta acción pueden ser diferentes. En cualquier caso, conducir con la presencia de drogas se asocia a un incremento en el riesgo de verse implicado en una colisión de tráfico fatal, con fallecimiento.


Uno de cada cuatro conductores conduce bajo los efectos de las drogas.


Doce de cada cien conductores conduce después de consumir alguna sustancia psicoactiva. Se dice pronto…

Y cuatro de cada diez conductores fallecidos en accidente de tráfico resultaron positivo en sangre a drogas o alcohol.

Conducir con presencia o bajo los efectos de las drogas deteriora la capacidad para conducir con seguridad y se asocia a un mayor riesgo de accidente con resultado de muerte. Desde hace años existe un creciente interés y preocupación acerca de la implicación de las drogas en los accidentes de tráfico y en la instauración de medidas adecuadas para reducirlos.

El pasado año entró en vigor la reforma de la Ley de Seguridad Vial, que contempla la regulación administrativa y penal para la conducción bajo los efectos del alcohol y las drogas. En este sentido, el diagnóstico de trastorno por consumo de drogas no implica que el paciente no pueda conducir. La enfermedad (adicción), la posible existencia de otras patologías y la medicación recibida, son aspectos que tanto el profesional sanitario como el paciente deben tener en cuenta a la hora de valorar la aptitud para conducir.



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