Adicción al sexo

El adicto al sexo se caracteriza por una necesidad de conducta sexual excesiva, y por un pensamiento continuo y obsesivo respecto del sexo.

El sexo domina su pensamiento y su conducta y la persona persiste en este comportamiento a pesar de las graves consecuencias negativas que le reporta a él/ella y a las personas de su entorno.

 

Los adictos al sexo, contrariamente a lo que popularmente pueda creerse, no viven placenteramente esta sexualidad ya que su comportamiento responde a un impulso, a una necesidad de la que no son capaces de controlarse para después de realizada la conducta sentir en muchas ocasiones vergüenza y arrepentimiento.

En ocasiones la persona llega a tener conductas sexuales que van en contra de sus normas morales como persona, lo que le puede llevar a vivir una doble vida basada en el engaño y la mentira (como ocurre en cualquier otra adicción)

Así mismo, al igual que en cualquier otra conducta adictiva, estas personas no consiguen tener éxito en sus intentos de reducir o frenar su actividad sexual cuando se dan cuenta de que esta es problemática. “Mucha gente usa el sexo de vez en cuando para escapar del estrés, esto es algo normal. El problema es que para estos pacientes se trata de una conducta constante, que se intensifica hasta tal punto que el deseo sexual controla todos los aspectos de sus vidas, y además se sienten impotentes en sus esfuerzos por cambiarla”.

Este tipo de adicción acaba por afectar a la totalidad del ámbito personal.

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“Esta adicción interfiere en la vida normal y perjudica las relaciones personales y laborales”

 

¿Cuando podemos hablar de adicción al sexo?

 

Es muy difícil determinar cuánto es demasiado, cuándo una vida sexual muy activa puede considerarse una adicción. En cuestión de sexo, no hay límites. Si tienes muchas relaciones, pero te sientes bien contigo mismo y no sufres por ello, no hay problema.

Así pues, “¿qué cantidad de sexo es normal?” Al igual que en cualquier conducta adictiva, la frecuencia (en este caso de las relaciones sexuales) no es el único baremo a tener en cuanta para poder diagnosticar “sexo compulsivo” . Lo que sí está claro es que, cuando el deseo de mantener relaciones sexuales es demasiado frecuente y la búsqueda de satisfacción del mismo ocupa gran parte del día a día, o interfiere de forma significativa trayendo consigo consecuencias negativas, es muy probable que hablemos de adicción al sexo.

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Se trata de uno de los trastornos psiquiátricos más serios pero más olvidados.

 

Adicción al sexo, un trastorno obsesivo compulsivo

Cualquier tipo de obsesión que interfiera en la capacidad de la persona para llevar una vida normal, que le perjudique en sus relaciones personales y laborales, es una patología.

La adicción al sexo se define como una conducta compulsiva: tendencia involuntaria, irrefrenable, reiterativa e irreflexiva, dirigida a establecer un tipo de relación sexual de la que siempre queda una sensación de insatisfacción.

También definido como sexo compulsivo, se refiere a un conjunto de conductas con formato repetido y de carácter compulsivo dirigidas a mantener relaciones sexuales, habitualmente con diferentes parejas, con el fin de satisfacer un intenso y frecuente deseo sexual. Se calcula que un 6% de la población sufre este trastorno.

 

Consecuencias del sexo compulsivo

 

La mayoría de personas adictas al sexo sufren las consecuencias de su enfermedad: el 17 por ciento pierde su empleo al menos una vez, el 39 por ciento finaliza una relación sentimental y el 28 por ciento ha contraído alguna enfermedad de transmisión sexual.

Las personas que manifiestan los síntomas de la enfermedad experimentan las secuelas en su vida diaria.

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Los primeros indicios

 

Al igual que un alcohólico es incapaz de dejar de beber, una persona adicta al sexo es incapaç de parar su comportamiento sexual autodestructivo. Los sexoadictos pueden provenir de todas las clases sociales.

En principio, la persona lo consigue mezclar con su rutina, sin embargo, mientras más se adentra en la adicción, más difícil le será realizar su vida diaria.

“Ver pornografía o masturbarse son actividades que en principio, se pueden hacer en 15 o 20 minutos. La persona sigue con su vida absolutamente normal, hasta que empieza a desaparecer cada vez más seguido para hacer sus cosas y entonces su vida se ve afectada”.

 

Síntomas. ¿Soy adicto al sexo?

 

Los adictos al sexo frecuentemente no entienden su modo de actuar y pocas veces son conscientes de su problema, para ellos puede ser un modo de amar o una necesidad más que tienen, normalizando y racionalizando su conducta como si se trata de una necesidad vital.

Es frecuente que la toma de conciencia venga a raíz de problemas que su conducta les termina produciendo (problemas de salud por infecciones de ETS, problemas con la pareja, problemas con la justicia, problemas laborales,…).

Así pues, ¿Cómo se distingue a un adicto al sexo? Aunque cada caso es particular, tienen características comunes.

La adicción sexual se presenta de muchas formas: masturbación compulsiva, relaciones sexuales con prostitutas, sexo anónimo con múltiples personas, consumo constante de pornografía, relaciones sexuales que entrañen peligro, contacto por anuncios o abuso de líneas telefónicas eróticas… La adicción puede mostrarse con una sola conducta o puede implicar varias. Y, en muchas ocasiones, no se protegen, por lo que tienen más riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual y de provocar un embarazo no deseado.

 

Señales de alarma de la adicción al sexo:

 

– La persona muestra actividad sexual muy frecuente, desproporcionada y desadaptada. Sus pensamientos también son de contenido sexual y se convierte en obsesiones que ocupan continuamente su pensamiento respecto a lo que desea hacer o cómo hacerlo.

– Por más que la persona se hace propósitos de no realizar determinada conductas sexuales le resulta imposible mantenerse abstinente o reducir.

– Muchas veces la persona vive su conducta sexual en secreto respecto a su entorno, llevándole en ocasiones, a llevar una doble vida de mentiras, engaños y ocultación.

– La persona experimenta una progresiva tolerancia, por lo que ha de aumentar la frecuencia, se necesita más tiempo para obtener el resultado deseado o a de aumentar la intensidad de la conducta sexual. De este modo, la persona puede empezar por experimentar un uso compulsivo y desmedido de la masturbación, consulta de pornografía etc. pero con el tiempo para experimentar las mismas sensaciones ha de incluir ya conductas más peligrosas, como por ejemplo puede ser implicarse en relaciones sexuales con varios desconocidos…

– La búsqueda de sexo o la realización de conductas sexuales ocupan un tiempo excesivo, hasta el punto de relegar obligaciones profesionales, académicas, familiares…

– Disminuyen también el tiempo de ocio dedicado a otras actividades que normalmente se hacían con amigos o familiares de manera que paulatinamente se va aislando de su entorno.

– El adicto al sexo continua con la conducta a pesar de las consecuencias negativas derivadas, estas pueden ser: riesgo de contraer una enfermedad, problemas matrimoniales o separación, pérdida de los derechos de estar con los hijos menores, abortos o los embarazos no deseados, hay casos en que se da riesgo de detención…

– Se experimenta cierta abstinencia con síntomas físicos y emocionales si no puede hacer la conducta sexual. Esta sintomatología puede comportar: elevada ansiedad, inquietud, mareos, dolores en el cuerpo, dolores de cabeza, insomnio, cambios de humor, depresión o irritabilidad etc.

– Es frecuente la falta de conciencia respecto al problema, por lo que el adicto al sexo suelen tomar conciencia cuando las consecuencias que se derivan de su conducta les resultan importantes, vitales o ineludibles.

 

Conviviendo con el “enemigo”

 

A diferencia de otras adicciones, en ésta no se le puede alejar por completo al enfermo, pues tiene que aprender a disfrutar de su sexualidad de manera sana y sin sucumbir a sus conductas compulsivas.

El adicto al sexo tienen que mantener un nivel de prácticas sexuales y de deseo. Eso se logra con nueva educación sexual aparte del control de impulsos. No sólo es que la persona tenga una vida sexual, sino que tenga una vida sexual lo suficientemente satisfactoria para que no tenga que volver a sus conductas. Aunque, como es lógico, esto se consigue sólo con tiempo.


Buscar ayuda

 

No todas las personas “tocan fondo” en el mismo momento. Llegar al punto de pedir ayuda varía en cada caso, pues depende de la carga moral que tenga, así como de qué tan dañada se haya visto su rutina o vida diaria.

En algunos casos, sienten vergüenza de sí mismos por la búsqueda insaciable de placer, de tratar de satisfacer rápidamente sus continuos deseos a través de una conducta reprochable ante los ojos de la mayoría y los suyos propios.

Muchas personas buscan ayuda cuando la adicción ya les impide vivir, cuando han perdido el trabajo por estar más pendientes de sus costumbres sexuales o cuando la pareja se ha dado cuenta de ellas y los han dejado o han amenazado con dejarlos.

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Tratamiento de adicciones comportamentales

 

Como en cualquier otra conducta adictiva, es muy importante hacer un buen diagnóstico y ver si hay otros trastornos asociados. Así mismo, el tratamiento requiere de un equipo multidisciplinar que convine terapias individuales con terapautas, psicólogos y psiquiatras, así como terapias grupales y control médico.

El tratamiento consiste en tratar al adicto para que sea consciente de ello, en detener dichas conductas, controlar los impulsos y cambiar sus hábitos.

 

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