¿Cuál es la causa de los trastornos de personalidad?

En la formación de la personalidad intervienen una serie de factores que no solo moldean la personalidad de un modo u otro, sino que pueden también influir en la aparición de un trastorno.

Aunque los factores genéticos ejercen una influencia, también es muy importante el efecto del ambiente, lo que significa que la personalidad no es algo fijo con lo que venimos al mundo, sino que, en gran parte, se ve influenciada y modificada por las experiencias vividas. Los principales factores que intervienen en el desarrollo de un trastorno de la personalidad son los siguientes:


Genética


Aunque aún son pocas las investigaciones realizadas, es posible que existan ciertos factores genéticos que intervengan directamente en la aparición de determinados trastornos de la personalidad. Por ejemplo, se ha identificado un gen cuyo funcionamiento es incorrecto en el trastorno obsesivo-compulsivo.

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Por otra parte, la influencia de la genética depende del tipo de trastorno. En algunos, como el trastorno antisocial de la personalidad, la genética parece jugar un papel importante, mientras que en otros casos, como el trastorno por dependencia, parece que el ambiente ejerce una mayor influencia. No obstante, en general, suele existir una interacción entre ambos factores (genéticos y ambientales).


Traumas infantiles


El maltrato, abuso o negligencia emocional en la infancia parecen jugar un papel especialmente importante en el desarrollo de diversos trastornos de personalidad. En particular, entre las personas con trastorno límite, el 55% ha sido víctima de abuso sexual. Esto no significa necesariamente que el abuso sexual sea la causa, sino más bien puede implicar que, en una personalidad con cierta predisposición, el trauma del abuso actuó como desencadenante.

La negligencia emocional es otro aspecto importante a tener en cuenta en la aparición de este tipo de trastornos. Consiste en ignorar o no prestar atención a las necesidades emocionales de los niños.

En algunos casos, la personalidad de un niño puede ser (por motivos genéticos) tan difícil de manejar que los padres no sepan cómo hacerlo y acaben respondiendo con abuso o negligencia, agravando los problemas del niño y propiciando la aparición del trastorno.

El abuso verbal puede tener también un impacto. En un estudio realizado con 793 madres, los investigadores les preguntaron si habían gritado a sus hijos y les habían dicho que no los querían o amenazado con echarlos. Los niños que habían experimentado este tipo de abuso verbal tenían el triple de probabilidades de desarrollar trastorno de personalidad límite, narcisista, obsesivo-compulsivo o paranoide en la edad adulta.


La personalidad altamente sensible


Aproximadamente el 20% de las personas tienen lo que se llama una personalidad altamente sensible. Se trata de un patrón normal de la personalidad que no tiene por qué crear problemas, aunque son niños muy sensibles a diversos tipos de estímulos, como la luz, el ruido, las texturas, que reaccionan con gran intensidad ante ellos.

Pueden tener una mayor predisposición a desarrollar fobias sociales o trastorno de personalidad por evitación. No obstante, tan solo el 10% de estos niños desarrolla este tipo de trastornos, por lo que no puede considerarse un factor especialmente importante.


Amistades, personas significativas, experiencias


Incluso los compañeros, profesores u otras personas significativas pueden ejercer un impacto, tanto positivo como negativo. Un niño con una predisposición a desarrollar un trastorno de personalidad, puede no desarrollarlo nunca si se encuentra en un ambiente sano y protector, pero si se encuentra en situación de maltrato o abuso es muy probable que acabe padeciendo el trastorno.

Las experiencias vitales también juegan un papel importante. Por ejemplo, un niño con tendencias obsesivo-compulsivas que tiene padres alcohólicos puede asumir la responsabilidad de cuidar de sus hermanos menores, lo que puede ampliar su propensión hasta que aparece el trastorno.

Como vemos, la genética puede hacer que tengas una predisposición, pero el ambiente y experiencias que vives pueden influir, para bien o para mal, tanto en el desarrollo del trastorno como en su manejo y tratamiento, siendo siempre posible el cambio.

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