¿Se puede diagnosticar el TLP en adolescentes?

Es importante tener en cuenta que incluso un médico experto puede tener dificultades para hacer un diagnóstico preciso del Trastorno Límite de la Personalidad en un adolescente. Los síntomas del TLP a menudo se superponen con otras condiciones de salud mental de un adolescente común y resulta difícil hacer un diagnóstico definitivo antes de la edad adulta.

Entre estos síntomas se encuentra el trastorno de oposición desafiante, el de conducta y el trastorno de hiperactividad por déficit de atención. Estos son tres de los trastornos más comunes detectados por los psiquiatras infantiles, por lo que no es inusual que los adolescentes con TLP sean diagnosticados con uno de estos trastornos.

TLP - Los pacientes sienten un vacío constante y no controlan sus impulsos

Los pacientes sienten un vacío constante y no controlan sus impulsos. 1 de cada 10, se suicida.

También es el caso que muchos adolescentes padecen de TLP y alguno de estos otros trastornos, complicando el cuadro de diagnóstico aún más. Por eso es tan importante para los padres preguntarle al psiquiatra acerca de cómo y por qué llegó a ese diagnóstico. También pueden preguntar si alguna de las condiciones mencionadas fueron consideradas y si es así, por qué fueron o no descartadas.


Esquivar o equivocarse en el diagnóstico del TLP es prolongar el sufrimiento de los niños y sus familias.


El TLP sigue siendo un diagnóstico muy controvertido en la adolescencia, a pesar de que el Manual de Diagnóstico y Estadística de Trastornos Mentales (DSM-IV) de la Asociación Psiquiátrica Americana, que cubre todos los trastornos de salud mental, permite el diagnóstico del TLP en adolescentes. El DSM-IV es el manual de médicos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas y trabajadores sociales utilizado para diagnosticar esta enfermedad.

Los médicos esgrimen dos principales razones para no hacer el diagnóstico en los adolescentes. En primer lugar, los especialistas dicen que es difícil distinguir entre los síntomas del TLP en los jóvenes y el comportamiento de un adolescente normal. En segundo lugar, señalan que la personalidad de los jóvenes no se ha desarrollado plenamente y que alguien que diagnostique TLP en esa etapa, significa estigmatizar injustamente al adolescente. La mayoría de los médicos esperan hasta que las personas cumplan dieciocho años antes de hacer el diagnóstico.

Patología Dual - Trastorno de la personalidad por evitación

Muchos médicos simplemente se rehúsan a diagnosticar el TLP en adolescentes.

Otros médicos que tratan a adolescentes informan a los padres que ellos simplemente no pueden diagnosticar a un joven con Trastorno Límite de Personalidad o que los niños al crecer mejorarán su conducta. Todavía otros médicos comentan que no quieren decirles nada a los padres acerca del TLP por temor de que se molesten, y que un diagnóstico de Trastorno Bipolar o de Trastorno de Hiperactividad y Déficit de Atención (THDA) se “verá mejor” porque son mucho más fáciles de tratar.


Adolescente “problemático” o TLP


Dos cosas son absolutamente claras. En primer lugar, los adultos con TLP casi siempre reconocen que sus síntomas y sufrimiento comenzaron en la niñez o adolescencia. En segundo lugar, algunos adolescentes tienen síntomas que son tan consistentes con el TLP que sería inmoral no hacer este diagnóstico y tratarlos en consecuencia.

Además, adolescentes con TLP suelen tener relaciones inestables con sus padres y con sus amigos “cercanos”. Sienten mucho coraje, la mayoría de las veces como respuesta a problemas en las relaciones. Describen sentimientos de vacío y temores de ser abandonados o mal entendidos por las personas que más aman. A menudo reconocen que sienten las cosas más profundamente y por más tiempo que la mayoría de sus compañeros. Se puede diagnosticar el TLP en adolescentes cuando los rasgos adversos o autodestructivos son persistentes, penetrantes y que empeoran con el tiempo.

Por naturaleza, la personalidad de los adolescentes aún está en desarrollo y cambia con el tiempo. Los síntomas mencionados, junto con una impulsividad autodestructiva, como tener encuentros sexuales irresponsables, desenfreno al comer, abuso de sustancias, conducción temeraria y las autolesiones no son características de un adolescente normal en desarrollo.

La frecuencia entre la población general es de un 2%, frecuencia que se eleva al 10% cuando recogemos los datos en población psiquiátrica que acude a consulta ambulatoria y a un 20 % de los pacientes hospitalizados


¿Cómo se siente una persona con trastorno límite de la personalidad?


Padecen un enorme miedo al abandono, sus relaciones interpersonales son intensas y pendulares (oscilan entre la idealización y la devaluación) y tienen problemas con la autoridad. Son irascibles, impulsivos, inestables, carecen de autoestima, tienen dificultades para disfrutar y una marcada tendencia a sabotearse, a tomar siempre la peor decisión posible. Su sentimiento más constante es el vacío. También, en momentos muy estresantes de su vida, pueden llegar a sufrir ideas paranoides o episodios disociativos.

En ocasiones, toda esa angustia se expresa en conductas autodestructivas (promiscuidad sexual, adicciones, gastos incontrolados, ideación suicida, mentiras compulsivas, autolesiones, tentativas de suicidio), o en distintos síntomas psicosomáticos (trastornos alimentarios, obsesiones, cefaleas, alteraciones digestivas, temblores, insomnio, taquicardia, disfunciones sexuales, dificultades respiratorias, apatía, aislamiento, depresión, etc..), que demasiadas veces despistan a algunos profesionales que, sin conocer a fondo al individuo, emiten diagnósticos erráticos o contradictorios.

Los TLP acostumbran a ser personas muy inteligentes y atractivas, pero están emocionalmente tan dañadas que suelen ser abandonadas por los demás. Su desconfianza, sus quejas, su profunda ambivalencia, su necesidad constante de atención, de control, de dominio; su impulsividad, su tendencia a saltarse los límites, a manipular a los otros… todo ello hace que sus relaciones, aunque fáciles de establecer, sean frágiles e inestables. Nada ni nadie les satisface ni les sirve para calmar su intensísimo malestar, su vacío existencial, su profunda creencia de que no merecen ser felices.

Y con cada fracaso, con cada conflicto, se incrementa el miedo a sí mismos. Un miedo que surge cuando fugazmente perciben su realidad, las consecuencias de sus actos, y caen en una espiral de arrepentimiento y culpa de la que huyen acusando a los demás. Los que les rodean, por su parte, no tardan en experimentar una enorme impotencia, un profundo cansancio, porque hagan lo que hagan, digan lo que digan, nada es suficiente para tranquilizarlos, para conseguir que se sientan un poco mejor.

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“Vivir una vida análoga a una telenovela es vivir la vida de una personalidad límite”.


  • Se sienten solos, incomprendidos, confusos, perdidos, incompletos, abandonados, y no entienden qué les ocurre.
  • Son personas especialmente vulnerables y sensibles.
  • Amplio historial clínico con frecuentes ingresos en urgencias por autolesiones recurrentes, intentos de suicidio, intoxicación por abuso de sustancias o episodios agresivos, que ponen en peligro su vida y en ocasiones la de los demás.
  • Dicen no encontrar una identidad propia ni una explicación a su sensación de vacío, a sus reacciones impulsivas de ira y/o de autodestrucción.
  • Inestabilidad en las relaciones interpersonales y la impulsividad en diferentes parcelas de la vida.
  • Miedo intenso, desmedido y absolutamente irreal a ser abandonado o rechazado, no tolera la soledad, llegando incluso a la realización de conductas suicidas (chantaje) para conseguir su objetivo.
  • Sus relaciones afectivas son extremadamente cambiantes. Tan pronto quieren como odian. De repente ensalzan como desprecian. De un día a otro su “gran amor” pasa a ser su “gran dolor”, creyendo enfermizamente que el otro no está lo suficientemente pendiente de ellos.
    Cambios con inusitada frecuencia tanto en su atuendo como en sus aspiraciones profesionales o en su escala de valores.
  • Muy impulsivos y lo manifiestan gastando dinero, tomando drogas, conduciendo temerariamente, comiendo de forma compulsiva, etc.
  • Con relativa frecuencia ejecutan conductas suicidas (entre el 8 al 10 % de estos individuos se suicidan, siendo precisamente los intentos de suicidio los que les llevan a buscar tratamiento).
  • Su afectividad es lábil y cambiante y viven permanentemente con sentimientos de vacío, aburriéndose con facilidad de todo y cambiando de actividad para evitarlo.
  • En las relaciones amorosas, como en el resto de su vida las oscilaciones y los cambios son la norma, pasando del sarcasmo a la amargura, de la ira a los sentimientos de culpa, de una vida en pareja llena de proyectos y de ilusión a la ruptura traumática de la relación.


Automutilación y suicidio


Entre un 70% y un 80% de los pacientes ‘límite’ se automutila y uno de cada 10 acaba quitándose la vida. Estas son dos de las razones por las que muchos de los afectados tienen una media de cinco o seis ingresos hospitalarios anuales. El TLP está presente en un 70-80% de los jóvenes con conductas antisociales, intentos de suicidio, conductas violentas o trastornos por abuso de drogas.

 

Soluciones


No ayuda tampoco el hecho de que “su falta de identidad les empuje a vivir otras vidas que no son las suyas. Creen que pueden ser todo lo que quiran o, simplemente, adoptan la personalidad del primer personaje que sale en una serie de televisión o en cualquier película”.

La cólera crónica y el miedo a ser abandonados definen también la personalidad ‘borderline’. Se desconoce la causa última de esta patología, pero al menos sí se sabe que con el paso de los años (entre los 40 y los 45) se produce una mejoría de los síntomas, fundamentalmente los relacionados con la impulsividad. Pero, sobre todo, mejoran gracias al tratamiento adecuado.


La importancia de la relación de paciente-terapeuta.


Cuando se trata del tratamiento del Trastorno Límite de Personalidad, la discusión se centra principalmente alrededor de los enfoques del tratamiento. Sin embargo, los estudios muestran que en general, alrededor del 15 por ciento de éxito de la terapia está relacionada con la orientación del terapeuta.  El otro 85 por ciento tiene que ver con la relación terapéutica entre el paciente y el terapeuta. Si se pregunta a un centenar de personas que se han recuperado del TLP cómo lo hicieron, la mayoría de ellos dirá que fue el apoyo y la información que recibieron de su terapeuta.

Digamos que tiene que haber una alianza terapéutica. En una alianza terapéutica el profesional ofrece empatía, cuidado genuino incondicional, validación y crea una sensación de confianza. Los pacientes, a su vez, se sienten seguros, respetados y entendidos. Una vez que los pacientes se sienten seguros, tranquilamente y sin prejuicios pueden observar su propio comportamiento, que los conduce a un conocimiento y crecimiento personal.


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