Un 20% de los delitos de menores son de violencia contra sus padres

Los psicólogos y sociólogos han concentrado su mirada en un fenómeno que no es nuevo, pero ha aumentado su recurrencia en las últimas décadas: la violencia filio-parental.

Se trata de una forma de violencia intrafamiliar en la que los hijos abusan verbal, emocional, económica y físicamente de sus padres o cuidadores para tener el control.

“Me agredió. Mi hija me puso boca abajo, no podía respirar y le rompió la muñeca a su abuelo cuando intentó ayudarme”

Según un estudio reciente realizado por la Unión Europea, se estima que en Estados Unidos y España -dos países observados en el informe- un 10% de las familias sufre esta agresión, que no distingue nivel socioeconómico ni modelo familiar y en la que los principales agresores son los adolescentes varones y las víctimas, sus madres.

violencia filio-parental - Bully - violencia - hijos agresivos - pegar a los padres La vergüenza y el sentimiento de culpa evitan que hablen, pero cada vez son más los que lo admiten y deciden denunciar

“Es la forma más oculta, incomprendida y estigmatizada de violencia familiar. Miles .de padres viven con temor pero aún es un tema tabú”, dice Paula Wilcox, investigadora de la violencia filio-parental.

Para los especialistas, la violencia acrecentada de los menores contra sus padres es un problema propio del siglo XXI.

Un 19% de los delitos de menores son de violencia contra sus padres

 

Hay un tipo de violencia que aun está “escondida”: hijos que agreden física o psicológicamente a sus padres o abuelos, llamada violencia filioparental. Los datos oficiales muestran que el año pasado se abrieron 4.659 expedientes por estos delitos, el 18,8% del total de los casos donde están involucrados menores.

Por desgracia, como en el caso de la violencia machista, ambas partes tienden a relativizar las agresiones. Y hay que tener en cuenta que la violencia física no es el primer paso; pueden pasar largos años de sufrimiento, usualmente en solitario, antes de que se lleguen a buscar ayuda.

Denunciar a un hijo no es fácil. Los padres siempre piensan en qué implicaciones jurídicas tiene tirar adelante un proceso.

 

Familias «normalizadas»

 

No es infrecuente que sean los propios progenitores quienes acudan a los juzgados derivados por los Servicios Sociales para que les den solución a los problemas de convivencia, referidos incluso a menores de menos de catorce años. La mayoría de los casos se refieren a malos tratos psíquicos, que suelen ir unidos a otro tipo de agresiones físicas indirectas, como lanzar objetos o romper cosas. Las directas son menos comunes.

En cuanto al perfil de estos agresores, no se caracteriza, como se piensa, por pertenecer a círculos marginales o unidades familiares desestructuradas. De hecho, la mayoría de los menores que agreden a sus padres forman parte de familias normalizadas.

Según un estudio reciente realizado por la Unión Europea, se estima que en España un 10% de las familias sufre esta agresión, que no distingue nivel socioeconómico ni modelo familiar y en la que los principales agresores son los adolescentes varones y las víctimas, sus madres.

En un 70% de los casos los agresores son chicos. Sin embargo, ellas suelen comenzar antes, de una manera más psicológica (comportamientos anoréxicos o de consumo de drogas). El perfil ha ido cambiando y se extiende a familias de clase media y media alta. En seis de cada diez casos uno de los padres tiene estudios universitarios. La tendencia mayoritaria es que los jóvenes agredan a las madres y a las abuelas y hay más incidencia en familias monoparentales.

“¿Quién es el culpable? No lo son hijos ni padres, hay un conflicto. Son dos imanes mal colocados que se repelen pero si se colocan bien se atraerán. Es una patología del amor”, afirman los especialistas.

 

Del secreto a la denuncia

 

Muchos padres creen que pasará solo y que su hijo los agrede porque es simplemente un aspecto de su personalidad. Pero esto no es así; en muchos casos, la violencia es indicador de una necesidad de límites o de una separación indispensable para desarrollarse como individuo, por eso este comportamiento sucede más en la adolescencia.

Los padres suelen acudir a especialistas cuando la situación les desborda, tras un recorrido muy largo o muy intenso en el que ya se han producido agresiones.

 

¿Que motivos influyen en la violencia filio-parental?

 

La violencia intrafamiliar suele obedecer a diferentes motivos. Algunos expertos sociales destacan que se debe a una sobreprotección de los hijos o a una actitud de tolerancia excesiva de la sociedad que potencia o favorece que algunos adolescentes encuentren en la agresión la única forma  contundente de hacerse oír y de imponer su voluntad.

En otras ocasiones el comportamiento violento se puede relacionar con  la preexistencia de otras agresiones en el interior de la familia, ya que estos menores agresivos han podido ser víctimas ellos mismos de violencia o haber sido testigos de situaciones graves entre sus propios padres o contra sus abuelos.

Pedro García Aguado - adicciones - dejar las drogas - centro desintoxicación

«De un padre sobreprotector sale un hijo tirano, no falla» afirma nuestro terapeuta Pedro García Aguado.

En la mayoría de los casos el adolescente no sufre patologías graves, pero la confluencia de una personalidad con rasgos agresivos y un entorno inadecuado puede desarrollar en el menor violento trastornos de personalidad con conductas antisociales.

Otro de los factores que consideran los expertos suele ser la ausencia de la figura del padre en el horizonte emocional del niño, incumplimiento del progenitor de sus obligaciones parentales motivada en muchos casos por razones económicas de la familia.

Este tipo de violencia se puede dar en todas familias y en todos los estratos socioeconómicos, si bien, aquellas familias que tienen más habilidades sociales y recursos tardarán más en acudir a la Justicia para solucionar sus problemas, ya que buscaran todo tipo de soluciones privadas.

Así pues, se puede afirmar que las causas de esta violencia pueden estar asentadas en una sociedad excesivamente permisiva que educa a los niños en sus derechos pero no en sus deberes y obligaciones, en donde en muchas ocasiones no se pone límites y se deja simplemente hacer.

A la pregunta de ¿qué está fallando?, Pedro García Aguado, terapeuta de Centro Can Rosselló afirma “La manía que tenemos de sobreproteger a los hijos. A los niños les hacemos creer que son el centro del universo, que pueden hacer todo lo que quieran sin que tenga ninguna consecuencia y, sobre todo, les estamos transmitiendo un mundo irreal, porque no les enseñamos a manejar la frustración y a valerse por sí mismos. El resultado son chavales muy inseguros, con mucho miedo, que utilizan la violencia para conseguir las cosas.”

En otros casos, lo esencial en este tipo de violencia, no son solo las circunstancias de los padres, sino esencialmente las de los hijos, ya que al menor no se le han puesto nunca límites y cuando lo intentan los padres fracasan ya que los hijos no lo aceptan.

Otros menores por el contrario presentan trastornos mentales o de su personalidad a veces agravado por el consumo de drogas o alcohol.

 

Tipos de abuso

 

Entendemos por violencia filio-parental, cualquier acto perjudicial por parte de un hijo o hija, con el fin de ganar poder y control sobre su madre y/o padre u otros familiares. El abuso puede ser físico, psicológico o económico:

Abuso físico:
– golpes, empujones, arrojar objetos, etc.

Abuso psicológico:
– insultos, amenazas, humillaciones, fugas, amenazas de hacer daño a su madre, padre o a ellos mismos. etc.

Abuso económico:
– robar o coger cosas sin permiso, daños en el hogar o en posesiones de la madre o el padre y demandar cosas que la madre o el padre no pueden afrontar.

 

Síndrome del emperador o del niño tirano: cómo detectarlo

 

En su mayoría son sólo adolescentes de entre 12 y 17 años, pero los hay menores, incluso muy pequeños, que se convierten en auténticos tiranos de la casa y tienen atemorizada a toda la familia, que, en ocasiones, acaba rompiéndose.

No son mayores de edad, pero son los verdaderos jefes de la familia. No son delincuentes comunes, pero pegan, amenazan, roban, agreden psicológicamente… Son los protagonistas del llamado “síndrome del emperador”, un fenómeno de maltrato de hijos a padres que se ha instalado con fuerza en la sociedad.

 

El ‘síndrome del emperador’ o del ‘hijo tirano’, cuando el maltratador es nuestro hijo

 

Algunos de vosotros recordaréis el artículo que escrivimos sobre el Síndrome emperador. Aquí os dejamos una pequeña parte, pero para los que queráis leer más clicar AQUÍ.

Los trastornos del comportamiento en los menores cada vez son más frecuentes, y, en concreto, el maltrato hacia los padres, conocido como el síndrome del emperador o del pequeño dictador o tirano.

El perfil del “pequeño tirano”, en palabras de ambos expertos, suele ser el de un varón de unos 11-17 años, hijo único, y de clase media–alta.

Síndrome del emperador - trastorno de conducta - adicciones - adolescentes - Pedro García Aguado

Este problema se caracteriza por un comportamiento agresivo (verbal o físico), y/oconductas desafiantes o provocadoras de ira en los padres y de violación de las normas y límites familiares; asimismo suelen presentar un alto nivel de egocentrismo, junto con una baja tolerancia a la frustración, empatía y autoestima.

Si bien es cierto que la ausencia de límites o un estilo educativo basado en atender todas sus peticiones son factores que pueden facilitar su aparición, es de vital importancia corregir la idea errónea de que la culpa es de los propios padres, no sólo porque puede generar obstáculos en el tratamiento, sino porque este tipo de violencia suele ser selectiva y no una constante de la personalidad, es decir, los menores pueden tener este comportamiento en la familia, y una conducta impecable en la escuela.

 

¿Cuáles son las razones?

 

Muchos padres se preguntan que han hecho mal, que ha ocurrido, que ha fallado… Los expertos señalan innumerables causas genéticas, familiares y ambientales que ayuden al desarrollo de este síndrome.

Algunos expertos consideran que ha habido un abandono de las funciones familiares, sobreprotección, hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo, ausencia de autoridad, permisividad y, sobre todo, falta de elementos afectivos, como la calidez en la relación con los hijos.

Sin embargo, para otros expertos, aspectos familiares o sociales, como la permisividad o la ausencia de autoridad, no son suficientes para explicar este fenómeno.

Se tiende a culpar a los padres de este tipo de conductas por ser demasiado permisivos y protectores con sus hijos; aunque, también, influye el ambiente porque hoy los niños viven en una sociedad consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de todo.

Además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.

“Un padre excesivamente permisivo tiene como resultado un hijo caprichoso e irresponsable, pero no un hijo violento. La permisividad puede echar a perder a un niño (hacerse vago, juntarse con malas compañías, cometer delitos), pero si hay violencia es como resultado de un proceso de deterioro personal por falta de educación, generalmente al final de la adolescencia”, explicó.

 

Dificultad para desarrollar emociones

 

¿Qué puede ocurrir en la personalidad de un niño para que llegue a agredir a sus padres? La clave está en que estos niños “son incapaces de desarrollar emociones morales (como la empatía, el amor o la compasión), lo que se traduce endificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones”.

La patología se manifiesta en niños y adolescentes con dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero, incapacidad para aprender de los errores y de los castigos y conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles.

Síndrome del emperador - trastorno de conducta - adicciones - adolescentes - Pedro García Aguado

“Son impulsivos, egocéntricos e incapaces de sentir culpa. Desafiantes, mentirosos y capaces de actos crueles”

 

¿Cuáles son las razones?

 

Muchos padres se preguntan que han hecho mal, que ha ocurrido, que ha fallado. Los expertos señalan… leer más.

 

¿Cómo actuar?

 

Si desde pequeño un niño da una patada y consigue lo que quiere, sin darse cuenta y de manera inconsciente, ese niño incorporará esta actitud y cuando quiera algo utilizará los golpes y gritos para conseguirlo. Si ante la primera patada, los padres se muestran firmes y no ceden, aprenderá que así no consigue las cosas y cambiará su comportamiento.

Es más sencillo consentir y dejar que un niño se salga con la suya, restando importancia al suceso y pensando que “son cosas de niños”, que negarle lo que creemos que no es bueno para ellos y aguantar sus enfados. Sobre todo si estamos cansados después de un duro día de trabajo o la pataleta la tiene en la calle o en casa de amigos. En estas situaciones los padres prefieren ceder para poder descansar o evitar situaciones incómodas.

violencia filio-parental - Bully - violencia - hijos agresivos - pegar a los padres

Pero es importante ayudar a los niños desde pequeños, incluso en cosas que no parezcan tener importancia. No reírles las gracias, no justificar sus rabietas ni minimizar la importancia que pueda tener un comportamiento determinado y mucho menos que sea el niño quien, a golpe de enfados y golpes, decida por los padres.

No es normal y no debe bajo ningún concepto aceptarse, que un menor insulte a sus padres o a cualquier otro adulto, les rete con la mirada, les provoque verbalmente o inicie una actitud desafianteque amenace con un contacto físico violento. No se debe admitir que amenacen con posibles acciones futuras en las que pueda intervenir la violencia con frases como: “te vas a arrepentir…” o que coja objetos de los padres y los rompa.

Los padres no deben caer en el error de justificar un comportamiento violento como un comportamiento natural por la edad, ni pensar que cuando crezca se le pasará. Educar es corregir comportamientos inadecuados, tenga el niño la edad que tenga, para que en el futuro sea un adulto feliz.

Los niños deben aprender de pequeños a no utilizar la agresividad verbal o física ni las amenazas para conseguir lo que quieren, pero los padres deben aprender a no tener “miedo a sus hijos”.

Para terminar diremos que, en líneas generales, un padre o madre que no pone límites no ayudará a sus hijos a relacionarse socialmente en el futuro.

 

Las madres, principales víctimas

 

El perfil de familias que acogen a un niño o joven con el “síndrome del emperador” en España es variado. Sin embargo, los expertos coinciden en una mayor incidencia en las familias monoparentales.

“La mayoría de los casos se da en madres que vuelven a tener otra pareja”. Uno de los pocos estudios realizados al respecto es “La violencia de los jóvenes en la familia, una aproximación a los menores denunciados por sus padres”, elaborado por el Centro de Estudios Jurídicos de la Generalitat de Cataluña.

Según estudios realizados sobre este fenómeno, la madre es la víctima en el 87 por ciento de las ocasiones que se produce este tipo de violencia, y que principalmente recibe agresiones físicas, aunque también son habituales las verbales. En el 13,8 por ciento de los casos, la intimidación se produjo con un cuchillo o un arma similar.

La edad media de los menores denunciados por este tipo de violencia es inferior a la de otros delitos. Mientras que en estos últimos es de 17.5 años, en el “síndrome del emperador”es de 16 años. Sus protagonistas, además, no suelen tener historial delictivo.

 

Características de los niños con el síndrome del emperador

Nos referimos con este nombre a niños que presentan una gran parten de las siguientes características como:

  • Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos.
  • Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
  • Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento,o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
  • Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.
  • Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
  • Suelen tener una autoestima baja.
  • Carecen de empatía. No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás.
  • Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
  • Les es muy difícil sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
  • Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
  • Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
  • Buscan constantemente atención, y cuanta más se les da, más reclaman. Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno.
  • Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las figuras de autoridad ni a las estructuras sociales establecidas.

 

Detección precoz

 

Tanto fiscales como psicólogos subrayan la importancia de detectar precozmente el problema y pedir ayuda especializada, que probablemente incluirá una terapia familiar. Muchos “Al principio siempre piensas que es algo que se arreglará, no imaginas que acabe derivando a problemas tan graves”

Los tres síntomas fundamentales, que pueden dar pistas a los padres y que se observan en la segunda infancia (6-11 años) son

– Incapacidad para desarrollar emociones morales (empatía, amor, compasión, etc.) auténticas; ello se trasluce en mucha dificultad para mostrar culpa y arrepentimiento sincero por las malas acciones.

– Incapacidad para aprender de los errores y de los castigos. Ante la desesperación de los padres no parece que sirvan regañinas y conversaciones: él busca su propio beneficio.

– Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades”. “Hay que actuar en cuanto se ve que el niño apunta maneras”, dice desde la oficina del Defensor del Menor, que lanza un mensaje esperanzador: “Existen buenos recursos para el abordaje de esta causa; los servicios sociales dan buena respuesta, también se puede acudir a un médico de cabecera o a un orientador escolar para pedir consejo”.

 

Artículos relacionados:

La edad de inicio en el consumo de droga cae a los 14 años. ¿Y si mi hijo consume?

Uno de cada tres adolescentes empieza a fumar cannabis antes que tabaco

Signos de alarma ante posibles consumos de cannabis

El abuso de las nuevas tecnologías reduce la memoria de los adolescentes

Jóvenes adictos al azar